sábado, abril 02, 2011


Encuentro
a Tetela, a Mayú, a Polo


Tras la ventana
los lluviosos árboles
hablan.

Un débil sol de un farol
destella en el asfalto
y su reflejo en el espejo es calmo
triste.

Afuera,
domingo,
la ciudad muere su día.

Adentro
un fuego en su caja
nos enciende
Bogotá, Cali y la costa
se amangualan
letrados, envinados.

Todo fluye en su ilusión
de quieto.


2 comentarios:

Oz dijo...

Se siente bien.
Lúcida contemplación, paz que podría reventar en pedazos, inquietud que quizá termine por asentarse en el silencio.
Paz.
Paz.
Luz y paz.

leonardo dijo...

El vino y las letras suelen lubricar la fluidez de la quietud.