a Tetela, a Mayú, a Polo
Tras la ventana
los lluviosos árboles
hablan.
Un débil sol de un farol
destella en el asfalto
y su reflejo en el espejo es calmo
triste.
Afuera,
domingo,
la ciudad muere su día.
Adentro
un fuego en su caja
nos enciende
Bogotá, Cali y la costa
se amangualan
letrados, envinados.
Todo fluye en su ilusión
de quieto.
2 comentarios:
Se siente bien.
Lúcida contemplación, paz que podría reventar en pedazos, inquietud que quizá termine por asentarse en el silencio.
Paz.
Paz.
Luz y paz.
El vino y las letras suelen lubricar la fluidez de la quietud.
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