Carezco de aquello que hace al genio.
Carezco también
del talento que hace al buen artista
y, sin el bueno, al artista apenas.
Poseo, únicamente,
-y esas sí son enteramente mías-
la consecuente rabia,
el dolor y la impotencia.
No sé cómo sobrevivir
ahogada entre tanta
propia mediocridad.
....
Habito en el autismo en mitad de este arte
que tardíamente he escogido como destino.
Vanidad y soberbia determinaron la escogencia.
Me creí capaz, suficiente. ¡Qué ilusa!
Hoy sé que a pesar de todos mis esfuerzos
seré incapaz de alcanzar la calidad en lo que escribo.
Me enredé el cuello con mi propia cuerda.
EL nudo que me hice quedó ciego.
No tengo más a donde ir.
Ni ganas. Tampoco regreso.
2 comentarios:
La poesía es un suplicio, un cilicio, sí, pero una cuerda para colgarse, no! Exige mucho de nosotros pero lo peor que podría ocurrirnos es que nos abandonara. No hay regreso. Pero es que no tiene caso regresar. No hay que confundir los laureles del poeta con la poesía.
Saludos
A menudo experimento esa autoinsufiencia creativa de la que hablas no con poca tristeza.
María, si no es usted hacedora de un arte único y por lo mismo implacable, es usted una gran mentirosa, porque hace pensar lo contrario.
Un abrazo enorme de jardín.
Ximena.
Publicar un comentario