martes, marzo 03, 2009
















Oscuridades


Necesito darle la vuelta al laberinto

salir de sus entrañas, convertirlo en una estrella.

Recorrerlo desde el centro hacia afuera

y trabajando, como si no lo hiciera,

ir soltando y agarrando certezas


Correr y saltar entre sus pasadizos

conclusos de repente, no por miedo.


¿Cómo no colgarse de la horca

en medio del desconcierto

a pesar de los raspones y la sangre

en las yemas de los dedos?


¿Cómo mantener la fe

cuando las calles se estrechan tanto

que obligan a posar la frente en las paredes

pues no parece haber más a dónde ir?


Cuando eso del talento en uno mismo

no es más que una masa oscura

ciega hermana de la bestia

capaz sólo de girar sobre sí misma

y morderse la cola hasta sangrar.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es verdad que un poema puede ser una sala de interrogatorios con una luz frente a las palabras, es decir, algo como un laberinto cerrado, pero el poema debe obligarse a ser un puente entre lo íntimo y el mundo, la poesía debe traer de la calle unos cuantos cachivaches a la casa, como el niño que vuelve a su habitación con los bolsillos llenos de piedrecitas, papeles de colores, cualquier cosa.
Un saludo

Anónimo dijo...

Ayer estuve en un sitio colombiano que se llama "Salsipuedes".

Probé las arepas.

Lo mejor: la música y la gente.

Me acordé siempre de ti.

Te quiero tanto!

Sor Juanais dijo...

Te quiero María.

Diana Reza dijo...

Quiero encontarte aunque sea en el laberinto de una enorme calle diminuta de pasillo...pero he de encontrate...