Suenan las campanas en la iglesia,
Bogotá llega a la misa con el chal en la cabeza
la espera en la puerta un niño hace más un siglo
que ahora es viejo y drogadicto
gritándole blasfemias.
Es una mujer venida a menos
esta mujer santafereña.
Muchos muertos la adornan por la espalda
muchos hombres y mujeres desfallecen a sus pies
más no de amor.
Sólo existe en el pasado que tejió
para ella desde siempre la violencia.
Con sus brazos eucalípticos
busca en vano entre la niebla
una ración del justo sol que se le niega
a ella que es toda lluvia
aunque no quiera.
4 comentarios:
Parece que la veo
(quisiera abrazarla) (te)
me le parezco tanto, creo...
parece que te veo
¿sabes?
te extraño menos porque estás en cada iglesia de esta metrópolipueblo.
La humanización de una ciudad hace al lector sentirla, casi "verla" y hasta entristecerse por ella, por sus muertos en la espalda, por el pasado violento, por el sol que se le niega.
Adolorido, el poema gime y se hace voz.
Abrazos,
OA
este poema es hermoso
Blogger nicolececilia dijo...
este poema es hermoso
8:00 AM
como maría
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