Si alguien me hubiera dicho una sóla palabra al menos de despedida en mi último suspiro, no lo huebira dado. Tuve que morir y volver a ver los surcos verdes y regresar serena cual vil alma despojada, para leer las solitarias y encadenadas palabras de María Tabares. ¿A quién tanto le escribes que se ven las aves cada noche? Sola tu, María, la luciérnaga encantadora, a ti se te debe que he vuelto a nacer
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Si alguien me hubiera dicho una sóla palabra al menos de despedida en mi último suspiro, no lo huebira dado. Tuve que morir y volver a ver los surcos verdes y regresar serena cual vil alma despojada, para leer las solitarias y encadenadas palabras de María Tabares. ¿A quién tanto le escribes que se ven las aves cada noche? Sola tu, María, la luciérnaga encantadora, a ti se te debe que he vuelto a nacer
Agradezco estas palabras. Pero no las merezco.
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