martes, mayo 15, 2007

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Si alguien me hubiera dicho una sóla palabra al menos de despedida en mi último suspiro, no lo huebira dado. Tuve que morir y volver a ver los surcos verdes y regresar serena cual vil alma despojada, para leer las solitarias y encadenadas palabras de María Tabares. ¿A quién tanto le escribes que se ven las aves cada noche? Sola tu, María, la luciérnaga encantadora, a ti se te debe que he vuelto a nacer

María Tabares dijo...

Agradezco estas palabras. Pero no las merezco.