El sol detrás de la nube
apático se escapa
y el verde del paisaje
se vuelve uno mismo con la noche.
Del sol, la sombra,
su seda negra más fina,
oculta la espalda del cristal de la ventana
la viste de espejo
y en ella es a él a quién descubro.
A su lado estoy yo sentada.
Juntos somos cuerpo imagen cuerpo
eco silencioso.
Al centro del reflejo,
el sol realmente nunca se ha marchado.
A hurtadillas se ha instalado en nuestra casa
y nos alumbra disfrazado de lámpara.
1 comentario:
Pienso en los atardeceres bogotanos a los que tanto vuelvo y con los que tanto he fracasado. El sol hace tiempo desertó las lámparas.
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