domingo, noviembre 01, 2009


En esta continuidad que nos persigue

nada puede ser más efímero
que nuestra dicha

Dura la eternidad de
una gota de agua que cae
el sonido del violín que traspasa el de la lluvia
el silbido de un pájaro
la luz de la lámpara
la cobija de lana
el ronroneo de la cafetera
y la taza y la cuchara

Dura lo que dura el silencio de mi padre en su lectura

El descanso de las gafas sobre el libro

Sombra durmiendo
como un pie de cama junto
a la cama,
y tú.

Eso dura.

3 comentarios:

PÁJARO DE CHINA dijo...

Qué poema duro y entrañable. Sencillo y complejo (¿puede aspirarse a algo más bello que la hermosura de la sencillez). Y es triste también, como una llovizna mansa. Vengo de la casa de Leonardo. Los estremecimientos que me provoca Leonardo los conozco. Vos sos mi hallazgo del amanecer en Buenos Aires, María.

Leonardo dijo...

Poco duramos cuando somos 'tu'.
La eternidad de la cobija de lana me parece una imagen extremadamente sugestiva, por la noción temporal que le otorgas al objeto (te diré, es un secreto, que para mí decir cobija de lana significa decir Bogotá, infancia, madre, todo lo perdido)así como a la luz, la taza y la cuchara. Que la dicha duerma a nuestro lado como una sombra que es como un pie de cama, pues me parece muy logrado y no creo haber visto nunca un pie de cama en algún poema. Y bueno, todo para llegar a ese 'tu' que lo explica todo y que nos hace volver a la primera estrofa! La enumeración de la segunda estrofa me pesa un poco en mi lectura.
Me ha dicho Pájaro de China que te ha leído y que le ha gustado mucho. Me alegra servir de puente, para eso sirven los enlaces.
Un abrazo
ah, volví a escucharte y volvió a gustarme!

Sor Juanais dijo...

Me gustaría tenerte aquí y tomarme un rico café contigo.
Hablar de los poemas y de un todo. Nombrar, nombrarnos.