martes, agosto 15, 2006

EN EL NOMBRE DEL PADRE

Ella llegó con paso lento. Tras sus espaldas había dejado todo su mundo pero hacia el frente, traía a su pequeña hija descansando sobre su abundante y generoso cuerpo.
- Hola Nana – la saludé
- Hola tía – dijo por respuesta-.
Observé la niña con detenimiento: era muy pequeña, de tez muy blanca y parecía tan frágil, que de inmediato despertó en mi un viejo sentimiento maternal que debió explicitarse en mi mirada.
- ¿Quieres alzarla? - me preguntó.
- ¡Claro! - le contesté- . ¿Cuántos meses tiene?
- El 31 de mayo cumple un año – me respondió orgullosa.
Al escuchar la fecha descubrí inmediatamente con la pequeña una asociación mayor que la filial: mi fecha de cumpleaños también era en mayo, el 13 exactamente que era lo mismo sólo que al revés. Secretamente me alegré de encontrar esa complicidad y sonriendo miré de nuevo a la madre que con sus carnes generosas hacía evidente estar escasa de amor hacia sí misma, y tuve fe por primera vez, de que esa bebé sería su reivindicación.
- Se llama Julia – agregó sonriendo -. como Julia Roberts, ¿sabes quién es?

Al llegar a casa mi hermano, él y mi padre de ochenta años, en idéntica posición estaban sentados cada uno en una esquina del sofá viendo la tele. Desde que se jubiló ambos pasaban las horas junto a la pantalla viendo carreras de autos, partidos de fútbol o programas portorriqueños que con gritos entre padres, hijos o amantes, pretendían arreglar el mundo. Verlos así, idiotizados frente a la pantalla, revivió en mí un viejo fastidio por la escena y dudé de haber pensado que fuera una buena idea motivar este encuentro.

Cuando mi hermano vio entrar a su hija con la bebé en brazos, un silencio pareció acallar de improviso toda la habitación. Se levantó de la silla y balbució un “ Hola” sin poder dejar de observar la niña. Mi padre a cambio, no desvió el rostro ni un minuto de la tele. A pesar de estar frente a su bisnieta, simuló estar más sordo ó más ciego de lo que está.
Los ojos de la joven madre, de la niña y los del recién abuelo, se reflejaron entre ellos como un callado eco, y pude reconocer en mi hermano que había olvidado lo inolvidable: que la niña tenía dos madres, que era hija de tres. Frente a su nieta, sus ojos irradiaban una enorme ternura. Vi como sentía un imperioso el deseo de acariciarla, de sentir la suavidad de piel. Sin embargo, una especie de rayo negro de repente le atravesó el semblante y otra parte de él, una que le conozco bien, ajena y fría, borró en un solo segundo aquel deseo que hubiera podido desaparecer para siempre la rabia y el dolor. El rayo favoreció al orgullo, la estupidez, la cobardía. Entonces se detuvo y sin necesidad de articular palabra supe que había retrocedió a su vieja sentencia: madre e hija jamás tendrían su bendición.
- ¿No la vas a alzar? – escuché que mi sobrina preguntaba a su padre.
Mi hermano, como si no la hubiera escuchado, como si en la sala no estuviera nadie, no respondió, se dio la vuelta y volvió a la televisión.
- ¡No puedo creer que no la vas a alzar! – le grité indignada.
- ¡Tú no te metas! – escuché sorprendida a mi padre responderme.
- ¡Pero es su nieta! - le dije - ¡la niña no tiene la culpa!
- Eso no importa – me contestó - esa niña no es hija de Dios.

Quedé de una sola pieza. Acaso podía ser cierto que yo era la hija de aquel hombre. Los ojos de mi sobrina brillaban inundados por las lágrimas. Los de la niña, ingenua a todo y a todos, continuaban observándonos y sonriendo sin juzgarnos, y yo sentí vergüenza; vergüenza de ser un ser humano.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Miguel, gracias por tu comentario. Eres un encanto.

"María Tabares"

Anónimo dijo...

Se siente intensamente la angustia, la ansiedad, la tristeza, la indignacion, el rechazo, la incomodidad, las miradas, las expresiones de las caras, la tension corporal...
Se lee con curiosidad, con tranquilidad, pero solo hasta cierto momento, a partir del cual se empiezaa leer con ansiedad.

¿Acaso hay que decir mas para hacer evidente que es un buen cuento?

Me gusto harto "Mariap Tabares"!

Anónimo dijo...

Hola Mariap!!!
Se lo lei a mi conyuguito y le gusto harto.

Anónimo dijo...

...como se que tambien aprecias los comentarios de quienes no podemos disfrutar tan cerca el mundo literario...te dire como mujer que vi una lagrima en uno de mis ojos al terminar y como lectora entre a tu cuento como en un cuarto por el que pasas oyendo voces y te asomas por una rendija para saber un poco mas...
y sabes que? lo vi todo!!
Me gustan tus cuentos!
Por aqui estaré