lunes, octubre 20, 2014


Callada
en el potrero
la máquina cargadora de tierra
y piedras
lento,
lento,
se pudre.
Quieta,
deja a su alrededor
que flores, maleza,
vistan su mortaja.
Ofrendaría su antigua fuerza,
sus brazos,
por ser minúsculo terrón,
caca de gusano.
Pero otra es su naturaleza,
otra la piel de acero,
otra la carne, las entrañas,
de piñones y de válvulas.
Daría cuanto creyó ser:
una misma con los perros,
con los hombres,
tener un corazón.
Todo 
por no morir 
tan sola
oxidada,
inservible.



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miércoles, octubre 08, 2014

Homicidio

             
“Los metieron todos a una fosa
les echaron diesel y prendieron fuego.”

Ayotzinapa (México). Periódico El mundo.


“¡Viva la cacería!"
grita el tirano.

La sangre de una joven dibuja
un corazón sobre las piedras
rota la cabeza como un cuenco de barro
sin remiendo.
A pesar de la quietud
la falda arrastra todavía la reciente carrera
el caudal entre las venas
la libertad blanca de los muslos
contra el viento.
En su mano izquierda guarda
una manzana invisible.

 “¡Han de caer para siempre los incómodos!”
ordena.
“¡Tanto sueño estúpido!”
“¡Que se atrevan a sentirse protegidos creyendo que,
por ser muchos, no nos temblará la mano!”.

La dulzura, inerte, se pudre como una flor.
¿Cuál habrá sido su pecado?

Horrorizados los vientos se arrodillan,
los pájaros, las ventanas, las puertas,
los ratones.
Las moscas por su propia voluntad
se hacen unas solas con los vidrios
las sopas, las aguas estancadas.

Nadie puede ni quiere el movimiento.
Moverse es pecar tres veces,
cometer un sacrilegio.

Hombres, mujeres y niños se tapan la boca
con las manos, permanecen a oscuras
guarecidos en sus casas.
Las nubes atónitas atraviesan con sus ojos
la debacle
sin llorar.

¡Réquiem! ¡Réquiem!

Por milésimas de segundo
el mundo abandonado de sí mismo
es un cuadro al óleo, una pintura:
la sangre seca por el suelo
junto al rostro
dibuja un corazón.

El segundero del tiempo
reinicia su indiferencia.
Comienza  otra vez el olvido.


Detalle del cuadro "Homicidio fuera de casa" Pintor: Jakub Schikaneder (1855-1924)

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miércoles, octubre 01, 2014



Hoy en Anatomía de la melancolía nos acompaña la poeta colombiana María Tabares quien esta de visita en México. Nos estará presentando la sinfonía poética "De mi sangre nacerán pájaros" y otros textos.


https://soundcloud.com/ccd-radio/anatomia-de-la-melancolia-29-de-septiembre-2014?utm_source=soundcloud&utm_campaign=share&utm_medium=email


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viernes, septiembre 26, 2014


Las hojas caen,
los troncos de las cabezas blancas
exhiben los caminos de la savia,
su piel, agrio color de nuez y leche,
los dientes el hueso oxidado por causa de la espuma.

Es este, un cuerpo desconocido
casi enemigo.
Imposible dejar de preguntarse, si esa ruina,
devastada, no ha sido siempre el verdadero yo.

La luz se sienta en el otoño,
oblicua, cansada,
y deja ver el rostro del mundo
más bello, más profundo y hondo . 

Ninguna otra luz como su luz.

Atrás viene el invierno.  
Pero el frío también protege lo vivo, 
lo arropa entre sus manos 
y evita que muera a la intemperie.

No siempre es la última estación el invierno.
Lo porvenir no necesariamente es la muerte.



Playa del Carmen, septiembre 2014

viernes, septiembre 19, 2014

Imagen metafórica





En un jardín, sentada, una niña escucha el silencio y lo que en él escucha, lo escribe. Ella y el lugar son una sola como una sola es la flor con el paisaje, o el césped, el árbol, o la piedra. Se levanta, camina hacia el borde del lago, extasiada arranca las hojas pequeñas donde el silencio con sus dedos ha escrito sus poemas, y los lanza, los ofrece, como florecitas, como pájaros, como barcos. Bajo el agua, veloces, las pirañas los destrozan, rasgan, trituran las palabras, los devoran. De su belleza solo queda un hilito de sangre flotando sobre el agua..Sopla el viento.

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lunes, septiembre 08, 2014

Reseña a propósito de Álulas. Autora: María Clemencia Sánchez.

Álulas de María Tabares: meditación en el aire

De la poética de María Tabares recibimos noticias hace apenas muy poco. Su nombre nos resultaba nuevo y casi desconocido en el panorama nacional. Su obra breve apenas se abría paso en el corpus de nombres de mujeres poetas y sus poemas, sin embargo, parecían haber estado desde siempre entre nosotros. Lo digo desde mi experiencia cuando al leer su opera prima titulada Y cae y suena y nos invade tuve la sensación de leer poemas de una levedad única como si al intentar palpar su tema, su materialidad, una impalpable belleza se posara en mis manos.

Deseo
La rosa ardiente Se abre
Se cierra
Se abre

Se cierra Ondula el mar.

Desde ese libro inicial de María, supe que su poética bordeaba, más que una temática en concreto, una manera de ver y nombrar la realidad definida por un sutil pensamiento, una suerte de vocación meditativa que obliga al lenguaje a la contención y al adusto decir. En ella, imaginamos el momento en el que nace el poema, ese umbral en el que las palabras y la imagen definen, no la presencia del mundo afuera de nosotros, sino la nostalgia de ese mundo meditado en su quietud. “Meditación en el umbral” llamó Rosario Castellanos a uno de sus más bellos poemas, aquel en el que nos propone indagar por “Otro modo de ser humano y libre. Otro modo de ser”. Pienso entonces en el título exacto de aquel poema al intentar una aproximación al nuevo libro de María Tabares titulado Álulas. Diría que se trata de una meditación en el aire, pues es allí donde presiento que ha nacido cada uno de los poemas de este libro. El título es ya una referencia al vuelo, al ave, al ala, a una presencia que existe solo en su fugacidad. Manizales, el Distrito Federal de México o Bogotá son apenas referencias de un mundo que pasa ante los ojos de la poeta para nombrar ese deseo de “ser hacia adentro”:

Quiero
Ser árbol,
Universo en sí mismo
Hondura insondable bajo la tierra
Y cielo adentro.


El poema en este nuevo libro de María recorre un paisaje interior aunque parezca que es el afuera
su referencia. La mirada que nos descubre es justamente la de la levedad, en el sentido más cercano al indicado por ítalo Calvino cuando iguala la imagen poética a la del vuelo de las aves, toda vez que ese vuelo es a un mismo tiempo presencia y ausencia: fugacidad y nostalgia suspendidas en el aire. Así lo indica María en este poema:

La escritura me rozó
Con su viento de ala que viste de plumas la mano. Hechizada de ángel
Escribo desde entonces.
El aire
Se volvió el camino.


Encuentro en este nuevo libro de María esa vocación meditativa que hace de su poesía un verdadero ejercicio de levedad. El mundo y la realidad son nombres tan pesados, tan tristes, tan llenos dolor y desengaños que tiene la poesía el deber de despojarlos de ese sufrimiento atávico, retornar la mirada al aire para encontrar allí un nombre dulce o inocente para cada cosa, amar el vuelo simple de una paloma, o recobrar para el alma un lugar invisible que solo existe en el vuelo de las aves o del ángel. Su poema titulado “Intermedio” (en el DF)” así me lo confirma, recordándonos en sus versos aquel poema de Dulce María Loynaz que dice: “No te nombro pero estás en mí / Como el canto en la garganta del ruiseñor/, aunque no esté cantando”. En un sentido cercano, el poema de María Tabares dice:


Intermedio (en el DF)

No avisto ningún pájaro
Y sin embargo
Canta el árbol.


Recibo con alegría este libro y lo celebro porque nos devuelve la fe en las aves, en el cielo, en las
nubes. Porque nos hace mirar de nuevo al aire para pensar en otra forma de existencia. Porque nos hace nombrar de nuevo al ángel, y sentir que no es lo tangible lo que sostiene nuestros días, sino una ausencia inefable, una tristeza sin nombre, un deseo de tener las palabras para nombrar lo más puro, lo más bello e inalcanzable. Justo como en este poema de María que dice:


María Clemencia Sánchez Envigado, Julio y 2014