domingo, enero 11, 2015

1.

Pienso y siento barro
indiferenciado,
denso como el mal sabor de las noches malas.
Intento hacerlo fluir
pero mucho es su peso,
no hay fuerza que logre
suavizarlo, aligerarlo.
Por más agua que riegue
es imposible hacer de él
simiente de un río.
Es barro que no circula.
Barro que ya huele a podrido.


***

2.
¿Dónde me mezclo con los otros?
Xavier Oquendo

Hoy por fin soy un pez de luz.
Sin espinas las frambuesas
silvestres bocas de dulce humedad
esperan por mi mano.
Los perros y su libertad
no me asustan o agobian.
El hombre, en el que creo,
no es más ese desconocido
enemigo.
Hoy no soy denso barro que me ahoga.
Liviana
la sal fecunda mis ojos en flores
de cristal sobre el rostro.

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jueves, enero 08, 2015

6:00 am


El sol afila el día con su punta roma,
manchas amarillas entibian este lado del planeta,
la mayoría de los hombres y mujeres duermen
las últimas esquinas de sus sueños
y el mal y el bien despiertan,
bostezan
aún con lagañas en los ojos
mientras piensan
dubitativos
cuál va a ser su quehacer de hoy 
y a quién se lo dedican.

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1


Primera vez que escribo
años 2015.
Lo hago sobre un cementerio
de soles y lluvias.
Amanece. Las cucarachas
agonizan en el patio suplicando
tal vez algo de conmiseración.
Mueren de cara al sol
dando patadas de ahogado
como si fuera su elección no mirar
más la tierra y mirar el cielo
su último deseo.
Tristes e inútiles sueños de los muertos.

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jueves, diciembre 18, 2014


Yo soy la casa.
En mí suenan los platos y los vasos,
un insomne da vueltas en la cama,
el gato duerme.
Soy las descoloridas paredes
y el tapete rojo escondite 
del polvo.
También la luz.
También su puerta cerrada.

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miércoles, diciembre 17, 2014

Pintura de Andrew Wyeth




























De dónde sacar un puente,
alzar las manos no entumidas,
los pulgares no escondidos
o los meros muñones

hacia tus dedos
para continuar el nudo de raíces
que un día inconscientes
comenzamos a clavar bajo la tierra.

Encontrar cuatro vigas,
cuatro trozos de aire,
dos lazos y atravesarlo,

con esta palabra
nuestros cansados cuerpos
y la risa refundida en el rostro.

Cruzar esta oquedad pegada al cuerpo,
puro frío, indiferencia,
como una rama seca que parió su fruto 
y ya a ninguno interesa.

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V


Fotografía María Tabares






























La veranera decidió lanzar 
hacia la casa uno de sus brazos. 
Su mano abierta 
al vaivén exhibe en multitud la luz violeta. 
La gata, bajo ella se agazapa como un reloj 
detenido espera la llegada de los pájaros. 
Detrás, el Cedro invernado simula un esqueleto 
o un faquir para tomar fuerzas 
y en dos meses hojarse, como una reina de belleza.
El pasto explota en clorofila. 
El cielo azul como la nada.
Él con 57 años, yo con 56, 
sentados, en éxtasis, 
mientras la vida.



lunes, diciembre 15, 2014

Del dolor



Dónde se esconde el poema 
cuando desaparece.
Cuando existe solo el ruido
del mundo.
El ruido de quien habla consigo
una verborrea infinita 
que no se detiene, no se detiene…

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