I
¿A dónde van las hermosas? Cruzan frente a mi puerta, lentas,
apastadas. Se acercan sin prisa. Me privilegian con sus ojos enormes de luna
negra. Mansas, sus lenguas besan carrasposas
mi mano abierta y los enormes hocicos me huelen.
Acaricio sus cuellos, constato el calor de la sangre que por
dentro les circula y recuerdo, anteriormente, solo haber tocado su suave piel,
inerte.
II
Los potreros son grandes, sin embargo, siempre están juntas.
Juntas caminan, juntas se lamen, se consienten. Se saben solas, por eso se acompañan.
Ociosas, escribirán sus poemas de pasto entre la boca.

