Coronado de espuma
el mar alza su voz en la tormenta.
En su lomo
una marejada de crines blancas
al viento galopa enardecida.
Salvajes en su fuerza
los caballos corren desbocados
se empujan,
se hacen daño.
Mucha es la prisa que llevan por la orilla.
Mucha la ceguera, el ansia, por la calma.
Desconocen que el terror viene del cielo.
Desconocen que es el invisible viento
quien empuja.
Desconocen, que es inútil el correr.



