domingo, noviembre 19, 2006

ALQUIMIA

Llegué
impelida por un grito
sordo
que nadie oyó.
Con él se deshizo
el paisaje conocido
mi cuerpo casa
se convirtió en estrella
y fui luz.

De aire los asideros
la habitación
la cama
Tuve que dormir
días noches
sin otra compañía
arroparme,
con mi piel gastada
las hijas añoradas
y un atisbo de esperanza

El agua suspendida dentro de mis ojos
temblorosa
aguardó,

se volcó.

Soles lunas
han cruzado desde entonces
escuchando mi voz
honda
desconocida.
vidas y muertes
inanimadas, vegetales, animales
he llorado
silenciosa
silenciosa
hasta ver
las zapatillas tanto tiempo perdidas
calzar mis pies.

Soy otra

Trasmutada
se ha levantado el día
el cielo limpio es mi casa
en él gravito
y me acompaña
por fin,
a donde vaya.

Ahora grita mi sangre
tantos años contenida
y con tinta soy Dios
doy vida
a un mundo nuevo
a sus paisajes
y a mi.
Me he vuelto un sol.

miércoles, noviembre 01, 2006

DESEO

En esta cama
cual si fuera el duro asfalto
yace agonizante un pájaro.
Un hilo de acero,
tejido en el nido de la infancia
abraza su pecho emplumado
casi hasta asfixiarlo.

Por más que lo intenta
no logra desplegar las alas.
Simulacro de pájaro más parece
raíz que pluma,
más que ave, reptil.

Pero ha de fundir el metal con sus deseos.
Arrancarse de un tajo a la tierra
y pisar al reptil sin compasión,
si quiere ser
– y es su deseo –
un halcón invisible,
de ir tan alto
surcando el cielo.

martes, octubre 31, 2006

No estoy triste. Fantaseo la felicidad que pude haber sentido, que no es lo mismo.

miércoles, octubre 18, 2006



A PROPÓSITO DE WALT WHITMAN

¿Por qué será que ahora le hablo también a las plantas, y ellas me hablan?


Reconozco en Whitman una mirada, una forma del ver el mundo, total e integradora, donde el ser humano no es el jefe del universo, ni un ser aparte de las plantas, de los animales o los minerales; tampoco un ser superior. En su mirada, el hombre y la naturaleza son una sola. Realmente una unidad; y no desde el discurso, cualquiera puede afirmar que lo somos y todos lo hacen. Son una unidad, por que los ve desde una mirada sensible y profundamente humilde.
No es más una brizna de hierba que una estrella. No es más una hormiga que un grano de arena. Ante, desde y dentro del universo, todos somos iguales. También el hombre y la mujer. Y esa unidad es quien merece el canto.
Whitman rompe con todas las jerarquías y derrumba los poderes que siempre se sustentan en categorías de valor, de cantidad y nos revela el mundo en su esencia profundamente religiosa: todo es comunión.
Con él, la voz poética logra colocarse y dejarnos ver el mundo desde el lugar de Dios, mirada macro y cenital que parte de la inmensidad del espacio hacia la tierra, y al mismo tiempo, desde su opuesto, la mirada más terrena, la más ínfima: aquella que nace desde un simple y negro terrón de tierra, desde una brizna de hierba, hacia la luz del sol y la eternidad.

miércoles, octubre 04, 2006

CANTO A MI ULTIMA ALASKA (*)

"Porque las obras maestras no nacen aisladas y solitarias,
son el producto de muchos años de pensar en común,
de pensar en montón,
detrás de la voz única,
de modo que ésta es la experiencia de la masa."

Virginia Woolf


A veces hay qué decir sobre un texto. Otras veces las palabras, indómitas, se resisten a hacerlo. Vuelan libres y ajenas a toda voluntad hacia el mundo insondable del lector, despertando en él todos sus pájaros, destapando una a una las jaulas, y haciendo que les de la luz del sol. Es cuando las palabras sin importar que tan hermosas sean, no dicen sino cantan.

Alaska, niña tonta ¿por qué te has ido?
¿Y tú sobrino de Hugo?¿Y tu Nora? ¿Y tú, mi primer enamorado? ¿Por qué tantos, tan jóvenes y a destiempo?
Como Gordo tuve que quedarme en este mundo, sin entender la muerte, la vida ni el sentido. En mi estómago irónicamente crecía la vida a mis sólo 17 años, cuando otros, los primeros, se iban yendo. ¿Para dónde se iban? ¿Cómo podía ser cierto? Por aquellos días nació mi hija Bárbara. Hoy casi treinta años después la muerte ha seguido sucediendo.
Hace dos meses murió Lili, la última Alaska de mi vida. Nos vemos en septiembre para mi cumpleaños, me dijo entre los estertores de la muerte. No habría de llegar, era claro. No estaba ( ¿pero acaso lo estuvo para Alaska?) en sus manos llegar o no a la fiesta.
No salgo del dolor. No saldré de él hasta que con los días el olvido, me salve o me devore, que para sus efectos es lo mismo. Hasta que deje de parecerme imposible que Lili no está en esté mundo, que se encuentra enterrada bajo tierra, dejando de ser ojos y piel y cuerpo; que ya no respira ni es poeta. Que no puede sentir como siempre, enloquecida, porque ya no circula la sangre escandalosa por sus venas. Que no podré verla ni podrá verme, ni leerla ni leerme, nunca más.

Sin embargo, la muerte caprichosa también trae consigo sus presencias: las manos de Lili, han tomado su lugar en mi memoria, y obstinadas, se resisten a morir. ¿Cómo hubiera podido reparar en ellas si su voz y su risa cuando hablaban me envolvían por completo?. Hoy casi puedo tocarlas y sentir su fría tibieza; ver su blancura enrojecida. Es extraño. Pero cuando busco su sonrisa, sólo logro ver desdibujada una mueca muda en un rostro de rasgos imprecisos.

En esta vida, aún, seguimos el Gordo, el Coronel, Takumi, tu, yo y tantos más. Todos, temiendo la sonrisa porque ya sabemos que reír es olvidar. Pero es en vano. Los días se suceden velozmente y con ellos, nosotros los vivos y nuestros muertos con ellos, vamos hacia la próxima muerte, hacia nuestro propio olvido, hacia la absoluta desaparición.

Por eso me pregunto, ¿qué ser, como yo ahora, vivirá en el futuro sintiéndose única, desconociendo que en otra época inasible ya para ella y para todos, hubo una de la cual proviene, su verdadera dueña, sentada frente a sí misma, escribiendo lo que sentía, perpleja ante la muerte, e incapaz de imaginar su inexistir?

Sí. Me pregunto, cómo será de verdad eso de estar muerto.



(*) Buscando a Alaska. John Green. Editorial Castillo

sábado, septiembre 23, 2006

Vienes y vas como las olas

Mi boca húmeda queda ansiosa
añorante eterna de la sal de tu piel.
Y quiero ser sirena.

Vienes y vas como las olas

miércoles, septiembre 13, 2006


EL HORMIGA

Una hormiga solitaria, que era un hombre joven no una mujer, llevaba muchos días caminando sin saber cómo llegar de nuevo al lugar donde había piedras circulares, brillantes, como las de su tierra. Tenía que llegar, aunque ya no estaba seguro de si recordaba el lugar o lo que recordaba era un invento suyo, de tan cansado que estaba después de llevar días y días caminando tratando de dilucidar su ubicación con ese nuevo cerebro microscópico que era todo lo que ahora poseía para pensar. Si pudiera regresar, se decía a sí mismo, talvez pudiera volver a ser quién era y no esa minúscula, estúpida y negrusca cosa en la que se había convertido.
En estas cosas estaba pensando, cuando vio que unas enormes botas casi lo hacían trizas. Antes de que pudieran hacerle daño, logró de un ágil salto subirse al pantalón del dueño y se quedó muy quieto. Sólo al rato, cuando estuvo seguro de que no lo había descubierto, se atrevió a moverse y reconoció estar encima de un celador: una escopeta le pendía del brazo y su rostro se veía serio y gastado. Cauteloso, caminó hasta los hombros del hombre y desde allí leyó “Hogar Geriátrico”, grabado en la pared. Tampoco es aquí concluyó. Sin embargo, pensando que ya no tenía nada qué perder, decidió entrar. Caminó por enormes corredores blancos y relucientes. En medio de tanta amplitud, de tanta asepsia, se sintió como un mugre sin limpiar, algo más grande que una pulga, pero bastante más lento y estúpido que ellas. Todos las habitaciones estaban vacías de gente, atiborradas de objetos y a oscuras. Todas, excepto la última a la que entró: en la habitación había una mujer sentada escribiendo y frente ella, una piedra circular y transparente, destellaba.
A la máxima velocidad con que puede desplazarse una hormiga, escaló por una de las patas de la mesa y al estar frente a la piedra, vio que su pequeño cuerpo se reflejaba en el interior como el del hombre que recordaba ser. Abstraído como estaba con su imagen, no tuvo tiempo de protegerse cuando la enorme mano de la mujer se le vino encima y con intencional delicadeza le rozó el cuerpo. “Por fin llegaste – la escuchó decir-. Te estaba esperando.” Acto seguido, la metamorfosis comenzó con un escalofrío como un látigo que le recorrió todo el cuerpo.

martes, agosto 15, 2006

EN EL NOMBRE DEL PADRE

Ella llegó con paso lento. Tras sus espaldas había dejado todo su mundo pero hacia el frente, traía a su pequeña hija descansando sobre su abundante y generoso cuerpo.
- Hola Nana – la saludé
- Hola tía – dijo por respuesta-.
Observé la niña con detenimiento: era muy pequeña, de tez muy blanca y parecía tan frágil, que de inmediato despertó en mi un viejo sentimiento maternal que debió explicitarse en mi mirada.
- ¿Quieres alzarla? - me preguntó.
- ¡Claro! - le contesté- . ¿Cuántos meses tiene?
- El 31 de mayo cumple un año – me respondió orgullosa.
Al escuchar la fecha descubrí inmediatamente con la pequeña una asociación mayor que la filial: mi fecha de cumpleaños también era en mayo, el 13 exactamente que era lo mismo sólo que al revés. Secretamente me alegré de encontrar esa complicidad y sonriendo miré de nuevo a la madre que con sus carnes generosas hacía evidente estar escasa de amor hacia sí misma, y tuve fe por primera vez, de que esa bebé sería su reivindicación.
- Se llama Julia – agregó sonriendo -. como Julia Roberts, ¿sabes quién es?

Al llegar a casa mi hermano, él y mi padre de ochenta años, en idéntica posición estaban sentados cada uno en una esquina del sofá viendo la tele. Desde que se jubiló ambos pasaban las horas junto a la pantalla viendo carreras de autos, partidos de fútbol o programas portorriqueños que con gritos entre padres, hijos o amantes, pretendían arreglar el mundo. Verlos así, idiotizados frente a la pantalla, revivió en mí un viejo fastidio por la escena y dudé de haber pensado que fuera una buena idea motivar este encuentro.

Cuando mi hermano vio entrar a su hija con la bebé en brazos, un silencio pareció acallar de improviso toda la habitación. Se levantó de la silla y balbució un “ Hola” sin poder dejar de observar la niña. Mi padre a cambio, no desvió el rostro ni un minuto de la tele. A pesar de estar frente a su bisnieta, simuló estar más sordo ó más ciego de lo que está.
Los ojos de la joven madre, de la niña y los del recién abuelo, se reflejaron entre ellos como un callado eco, y pude reconocer en mi hermano que había olvidado lo inolvidable: que la niña tenía dos madres, que era hija de tres. Frente a su nieta, sus ojos irradiaban una enorme ternura. Vi como sentía un imperioso el deseo de acariciarla, de sentir la suavidad de piel. Sin embargo, una especie de rayo negro de repente le atravesó el semblante y otra parte de él, una que le conozco bien, ajena y fría, borró en un solo segundo aquel deseo que hubiera podido desaparecer para siempre la rabia y el dolor. El rayo favoreció al orgullo, la estupidez, la cobardía. Entonces se detuvo y sin necesidad de articular palabra supe que había retrocedió a su vieja sentencia: madre e hija jamás tendrían su bendición.
- ¿No la vas a alzar? – escuché que mi sobrina preguntaba a su padre.
Mi hermano, como si no la hubiera escuchado, como si en la sala no estuviera nadie, no respondió, se dio la vuelta y volvió a la televisión.
- ¡No puedo creer que no la vas a alzar! – le grité indignada.
- ¡Tú no te metas! – escuché sorprendida a mi padre responderme.
- ¡Pero es su nieta! - le dije - ¡la niña no tiene la culpa!
- Eso no importa – me contestó - esa niña no es hija de Dios.

Quedé de una sola pieza. Acaso podía ser cierto que yo era la hija de aquel hombre. Los ojos de mi sobrina brillaban inundados por las lágrimas. Los de la niña, ingenua a todo y a todos, continuaban observándonos y sonriendo sin juzgarnos, y yo sentí vergüenza; vergüenza de ser un ser humano.

viernes, agosto 11, 2006

(SE FUE Y EL SILENCIO ES ROTUNDO)

DESDEA SOY

Yo, Desdea la loca, piso las calles.
Rompo mi boca loca bajo la noche.
Me doy a los fantasmas de mi tristeza
a los rostros que he sido y a los que esperan.
Yo, Desdea la loca, la que se inclina
A buscarse en las sombras... La que camina...

Yo, Desdea la loca digo y desdigo
que el amor es un sueño que nunca he asido.
Que la muerte es el beso profundo y largo
que he buscado en las bocas que me han besado.

Yo, Desdea decreto que la locura
es la amante perfecta que me domina.
Que es mi amante secreta y que voy con ella
de la risa y la mano hasta que las cosas
me abandonen del todo por mi locura.

Yo, Desdea la loca que ama el delirio
bebo la vida a diario con ansia sorda
-Y esta sed es más grande mientras más ando-.
Yo, Desdea la loca, soy una sombra.

Yo, Desdea la loca soy una amante
una niña que juega feliz y loca.

Tengo la risa grande de la amadora
a la magia me entrego y ella me adora.

Me hace el amor el vino... Me rompe un verso.
Me diluye un delirio... Me hace un secreto.
Me deshace Desdea -¿Cómo lo haces?
La canción de una piedra cuando se parte;
Yo, Desdea la loca. La que ríe sola.
La que habla con los perros, la que se inclina
a mirarse los ojos en las estrellas.
Yo, Desdea la loca la que se asombra
la que mece a su sombra cuando camina.
Yo, Desdea la loca soy una obsesa.

Yo, Desdea la loca digo y desdigo
que el amor es un sueño que nunca he asido.
Que todo lo que tuve me lo he jugado.
Que todo lo he perdido, pero lo he amado.
Que la muerte es el beso profundo y largo
que he buscado en las bocas que me han besado.

Yo, Desdea la loca, como un decreto
pido a mis soledades que me retengan...
Pido que me recojan las caracolas
que me lleve la lluvia donde no llueva.
Yo, Desdea la loca soy una sombra.
Yo, Desdea la loca soy una amante.

Desdea soy y me desdoblo a diario.
Con mi otro yo transito en las ciudades.
Desdea soy ¡hija de nadie!

Al viento voy...
Al viento voy cantando...
¡Desdea soy!


Liliana Cadavid
(mi amiga del alma que se ha ido)

viernes, agosto 04, 2006



TRAS DE LA CASA

¿Por qué llegar y sentir esa casa como propia,
como la conocida, cuando nunca se había visto?
¿De qué está hecha? ¿Cuál es su materia?
Ninguno de los muebles ha sido mío aunque quisiera
ninguna de sus telas, sus tapetes, sus cobijas
he palpado, ni me he abrigado en ellas.
Aquella casa vista ensueños es mi casa, lo sé,
aunque esté tan lejos,
tan después del río amarillo, denso y peligroso
tan después del lagarto enorme
fiero hambriento.
Aunque para llegar a ella,
para poder entrar de nuevo,
haya tenido que hacer, rito primario, un sacrificio y
dar una vida, la de un cachorro para hacerlo.

Recorrí sus estancias de penumbra y polvo,
observé a través de la ventana
su hermoso jardín desecho,
vi la limpieza suspendida de la cocina vieja
y arriba, a unos pocos escalones sollozantes,
la habitación de la danza, del juego, de la alegría.
Más allá encontré la del reposo, dulces sueños,
y más arriba, aquella a la que tuve que ingresar
arrastrando el cuerpo por el suelo,
ínfima buhardilla, desde cuya ventana pude atisbarme a lo lejos.
Viéndome escindida, tan cerca y tan lejos de mi,
Quise preguntarle ¿Quién era yo? al viento.
Él con certeza lo sabría pues era el único
que recorría, con sus pasos los caminos
y un sólo “Tú”, fue lo que obtuve por respuesta,
tan simple y tan complejo como eso.

Entonces pude deshacer mis pasos:
regresar al fogón, encender el leño y hacer fuego.
Prometerle a las rosas asfixiadas, a la huerta,
volver a acicalarlos y por ahora, hacer
de su vida en desenfreno un florero.
Salir de nuevo,
dudosa de si cerrar o no la puerta.
Caminar liviana y en sosiego, cruzar
el río por un lugar no antes descubierto,
atravesar las aguas sobre un tronco
que me esperaba cual camino,
continuar en dirección a la tumba
en la cual descubro, he estado sentada
sin saber desde el principio,
tumba antigua, simple piedra oscura y carcomida
hermosa, sin adornos
posible habitación eterna de Marguerite Duras,
o mía propia,
cuando sea la hora
de no mirar más la casa,
de no volver a ella,
de nunca regresar.
– ¿Por qué su color blanco amarillento como anticipando,
por la delgadez de la piel, el craneo?
- Para que nadie se asuste en la última mirada, antes de que la tierra
lo oculte para siempre.

lunes, julio 17, 2006



Anoche lo supe: el arte, la muerte y la locura, son las tres habitaciones de mi sueño.

jueves, julio 13, 2006

El sudor de mi cuerpo pinta las paredes de mi cama.

martes, julio 11, 2006

En tanto la noche se acerca y cerca todo, las flores gritan su olor.

sábado, julio 08, 2006

TEMER MORIR ES TEMER VIVIR, Y YO ME PARALIZO TRATANDO DE EVITARLO

“La experiencia amorosa nos da de una manera fulgurante
la posibilidad de entrever, así sea por un instante,
la indisoluble unidad de los contrarios.”

“En la creación poética pasa algo parecido:
ausencia y presencia, silencio y palabra,
vacío y plenitud son estados poéticos
tanto como religiosos y amorosos”

El Arco y la Lira, Octavio Paz


Llegó un punto dónde no pudo detener, ni negar por más tiempo el desvanecimiento que sentía. Frente a él su cuerpo perdía todo el peso, se sentía ligera casi a punto de caer y esa sensación de perder la forma, de derretimiento, remplazaba su seguridad y el control de sus emociones y sus actos. En otros tiempos, sin la menor duda habría creído encontrar por fin el amor. Hoy ya no creía en ello. Después de haber sido su amante tantas veces, de haber dormido con él y desnudarlo, había descubierto su naturaleza de ropaje: era sólo un vestido gaseoso que mal lograba esconder el imperioso deseo del cuerpo del otro, para sentir el propio cuerpo a través de él. Ser uno, siendo dos en un instante. Ahora, podía reconocer su fuerza que lo invade todo, rompiendo diques y fronteras, haciendo de dos seres, una pareja aunque feliz, ansiosa presa. Y sabía, no podía olvidar, la muerte que siempre traía consigo, la disolución.
Por eso tenía miedo. Con el deseo ya nada se mantendría estático, todo correría sin futuro, vertiginoso, hacia la muerte. No había cómo escapársele al destino: ya lo deseaba y desearlo, era perderlo. Vivirlo, matarlo para siempre. Por fin sabía que, como tantas otras veces, quererle era clavarse el puñal mágico en el centro y al hacerlo, ser testigo de cómo él iría muriendo y ella con él. No importaba que esta vez fuera la única o la que más un exabrupto pareciera; el destino como siempre correría implacable: más cerca o más tarde, sólo quedaría la distancia, el recuerdo, la nada; o si acaso, a lo mucho, un reflejo del dolor.



Las flores en el florero parecen estar muertas, una cosa más que adorna la habitación.
Pero es falso.
Ellas expanden su aroma cuando cae la noche y lo guardan en las mañanas, cuando tu no estás.

miércoles, julio 05, 2006

Pluma blanca
déjame llenar de sangre negra tus pulmones.
Ser contigo el paisaje que grita el viento
o el silencio,
a veces hombre,
a veces mujer o viceversa
sin miedos, sin culpas, volar.

Déjame,
llenar de sangre negra tus pulmones.
Ver a dios o al diablo
anegarme en el pozo oscuro del amor
o el desamor,
llorar los mares con aguas que me son ajenas.

Ser contigo otra, todas y cualquiera.
Sin cauce construir el río.
Hacer de las piedras campanas
de los pescados gatos
de tu blancura luz

y dejar ciego, a quien con sus pupilas
roce tus níveas aspas,
de este mundo real y sin sentido,
estúpido, atroz.

jueves, junio 01, 2006



OTRA LUZ

El sol rojo, amarillo, de esta tarde pasmada
roza la ciudad sus filos,
y hace de luz las azoteas.
En ellas, pantalones camisas medias
brillantes pájaros de colores
se mecen suspendidos
mientras se secan al sol.
Qué tristes, parecen
sólo pájaros amarrados de sus patas
imposibilitados de volar.
1.996

La aurora en Nueva York
amanece muda
o muerta.
En ella los pájaros
(cadáveres) cantan
en silencio.
Las sirenas histéricas a cambio,
festejan con su llorar
macabro, cada día
una victoria.