Ya sé. No avisará.
Vestida de silenciosa enfermedad
echará la puerta abajo, de golpe.
Sin misericordia arrancará mi vida a la vida
y hará el máximo daño a quienes habito.
Volverá escombros la casa.
Nadie ileso.
Nadie en pie o con voz, para decir algo.
Por unos días
el lamento de un gorrión iluminará el vacío.
Luego, incluso el pájaro quedará en silencio.
Tal vez solo exista entonces
este poema, si sobrevive.

