Crueldad
Obligada quedó ella al silencio de los ojos.
Una hoguera evaporó con su fuego
el agua que anidaba entre los cuencos
antes de volcarse en sal que sana.
Invoca de nuevo las palabras como espadas
abre la herida, otra vez, busca no dejar nada suspendido
y quedar desvestida de añoranzas.
Negando su ser, su identidad,
su nombre mal nombrado mal mirado mal visto,
monumentales bibliotecas de prejuicios salieron de la boca del amante
como papel que atizaba el fuego, quemaron la piel,
adelgazaron el metal y lo afilaron, hirieron las manos,
cortaron el corazón creyéndolo la cabeza
y su sangre -dulce entre su río-, juzgada intelecto y razón,
expuesta rodó sin compasión sobre las calles.
Cruel, como el amor de Narciso y de Otelo, fue el espejismo.
Cruel, como el amor del tuerto que mutila y fragmenta lo que mira.
Cruel, como el amor del sordo incapaz de escuchar un canto
y en ataques de ira contra el otro rompe todo y lo destroza.
Cruel, como el amor de aquel que sólo aprecia a una Eva igual a su costilla.