Recorriendo la ciudad
Después de la lluvia,
Bogotá, libre de culpas,
se hace limpia como un recién nacido.
El aire frío abraza su piel
sin señas
y un sahumerio de tierra,
pino y eucalipto
la envuelve con su canto de aromas.
pino y eucalipto
la envuelve con su canto de aromas.
Sin embargo, cruza la calle
empapado un anciano
sostenido a un palo por bastón.
No existe para él
nacimiento alguno, ni bautizo.
Tampoco el olor.
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