viernes, diciembre 21, 2012


Recorriendo la ciudad



Después de la lluvia,
Bogotá, libre de culpas,
se hace limpia como un recién nacido.
El aire frío abraza su piel
sin señas
y un sahumerio de tierra, 
pino y eucalipto 
la envuelve con su canto de aromas.

Sin embargo, cruza la calle
empapado un anciano 
sostenido a un palo por bastón.
No existe para él
nacimiento alguno, ni bautizo.
Tampoco el olor.

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