Habitación 530
Hospital San Ignacio
Una paloma observa y reposa
perezosa el mundo
en el alfeizar de la ventana
las golondrinas
como en el patio del colegio
juegan a saltar las ramas de los árboles
sin temor de rasparse las rodillas
el viento murmulla
a los oídos de los árboles
y el sol enciende esta mañana
los ojos perezosos de las hojas
Yo
obligada a la cama
aprendo a respirar de nuevo
Cada quién en lo suyo
la vida
la vida
imperceptible
rotundo
pulso entre las venas
Nada pareciera poder interferir su flujo...
En una cama enfrente
una dulcísima mujer
agota
gota a gota la miel de su cuerpo
esperando volver a ser panal
A mi izquierda, otra,
pequeña por los años
carga
un gigante corazón dentro del pecho
y en sus pulmones la piel del humo
atesora el ancestral veneno
del cocer con leña
Más al fondo,
a una hermosa joven
un lobo oculto le lame las entrañas
Yo
a pleno amanecer del día
de nuevo con quince años
soy la noche sentada
la falta de aire
el ahogo
el ahogo
la sensación de atrapamiento
la cantaleta de mi madre en el tocador
su poder sobre mí
su ira
su ira
mi silencio
mi silencio
y el escuchar
con el corazón desbocado
el chillar de un pájaro encerrado
dentro del cuerpo.
5 comentarios:
Te reconozco aquí, gota a gota! La contemplación de la vida que pasa por los otros y por sí mismo, los pájaros, el ir y venir del afuera hacia el adentro, esa relación que tienes con los hospitales. Me agrada que vuelvas, ya andaba preocupado.
Un abrazo
"las golondrinas
como en el patio del colegio
juegan a saltar las ramas de los árboles
sin temor de rasparse las rodillas"
qué hermosa imagen, Tabares.
"las golondrinas
como en el patio del colegio
juegan a saltar las ramas de los árboles
sin temor de rasparse las rodillas"
qué hermosa imagen, Tabares.
"las golondrinas
como en el patio del colegio
juegan a saltar las ramas de los árboles
sin temor de rasparse las rodillas"
qué hermosa imagen, Tabares.
"las golondrinas
como en el patio del colegio
juegan a saltar las ramas de los árboles
sin temor de rasparse las rodillas"
Nunca olvidaré aquella vez que alguien me dijo:
-¿Tú eres Ximena de Tabares?
Hubiese dicho que sí con todo orgullo.
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