martes, febrero 17, 2009












Perdición.

A la escritura



Me fui de perdición tras un camino

de letras esparcidas por el suelo

que el viento llevaba

en todas direcciones.

Me fui de perdición, no me perdí.


El daño fue grave.

El dinero se salió de los bolsillos

los días reventaron de horizontes

y quedé enceguecida

en una esquina del camino.


La pasión desató el freno de mi vida

me embarcó cuesta arriba

cuesta abajo

sobre barcos hechos de papeles

blancos


Se me volvió manía.

Condenada arrastro mi perdición

de casa en casa

de cama en cama

de sueño en sueño.

Es que condenada puede estar uno

lo mismo en el cielo que en el infierno.


Me fui de perdición. Cambié de amigos.

Conocí otros, otras, ellas.

Juntas atravesamos la conciencia

desbaratamos los vestidos

olvidamos las puertas imposibles

arrancamos los pedazos que faltaban

salpicando por los aires

reímos todos los días y sus noches

pero sobre todo los días martes.


Fue una herida grave

esa que la perdición me hizo.

Muerta moribunda sobreviviente viva

arrastro este padecimiento entre laberintos

de palabras como minotauros negros.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

"Atravesamos la conciencia

desbaratamos los vestidos

olvidamos las puertas imposibles"

:)

Anónimo dijo...

MTV:

No me había fijado en el epígrafe de la Real Academia en tu poema y resulta que para el próximo martes hice lo mismo.

Será que si soy fruto de tu espíritu santo??? Telepatía?? Inconsciente colectivo?

cui cui cui!!

Anónimo dijo...

Sí, El látigo del que hablaba Capote. Pero hay peores.