Llevo dos semanas
muda
He olvidado escribir
Insegura
dudosa
las poquísimas palabras
ciegas que tecleo
o pongo en el papel
lo constatan
y esta muerte
seca
de inspiración
que nadie ve.
Llevo dos semanas
muda
He olvidado escribir
Insegura
dudosa
las poquísimas palabras
ciegas que tecleo
o pongo en el papel
lo constatan
y esta muerte
seca
de inspiración
que nadie ve.
secas como higos con espinas,
no nos hacen llorar
aunque nos duelen
caudalosas, como multitudes de gente
trashumante que se suicida por las ventanas
de nuestros ojos
ligeras,
moronas de pan en los andenes
no dejan rastro en las barrigas
de los pájaros
otras, cotidianas,
como el simple adiós al levantar la mano
tienen el poder de hacer girar los cuerpos
y que nos den la espalda
También hay de otras,
orgullosas,
como monumentos estoicos en los parques
los perros los orinan
las palomas los ensucian
la gente los olvida
y no los llora nadie
Sin excepción, todas,
evitan la gangrena de las cosas
son una herida abierta
en un pedazo de la carne
para que fluya la sangre
el saber no sabe, que
el no saber hace al sabio, que
quien no sabe siempre mira
que cuando mira, siempre
se pregunta, que
por cada respuesta encontrada,
aparecen otras diez
que ir tras el saber, es
rodar por un laberinto, jalar
la punta de la lana, enredar
el ovillo, no tejer con él
que dos más dos
son cinco, que el todo es más
que las partes, que cada parte
es el todo, que el ahora
acaba de irse, el mañana
aún no existe, que el ayer
ya pasó.
Eso dicen los que saben, que
no saben de lo que hablan.
***
El conocimiento,
-sin reversa posible-
como el desborde de un líquido
mancha de rojo cuanto toca
derrumba las copas
que esconden a una guerra
enciende la piel de los penosos
corta con su nariz afilada
los relojes
hace
sin que nadie se dé cuenta
un temblor de tierra
con un silencio tal
de frío
súbito
que transforma
sin misericordia lo que somos
-hace del barro a un hombre-
trasmutando el material