Saber que no se escribe para el otro, saber que esas cosas que voy a escribir no me harán jamás amar por quien amo, saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás: tal es el comienzo de la escritura? (Roland Barthes. Fragmentos de un discurso amoroso. Siglo XXI, México, 1982. p. 122)
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