Sin alas
Impulsado por las crines
las poderosas patas hacia adelante
vuela.
Nadie encima. Solo el viento.
Son suyos los olores que atraviesan los ollares.
Sabe del río virgen que ingrávida el paso, da la vida
y es la muerte.
De las culebras rayo zigzagueando el suelo que el fuego
espanta.
De las noches libres, solitarias, en manada.
Sabe todo esto, sin saberlo.
Jamás ha volado.
Tiempo atrás los suyos sí lo hicieron.
No puede explicarse porqué
en el corral donde lo encierran
ocasionalmente sus cascos
escarban la tierra. La golpean.
Nervioso -los
ojos dulces, lunares-
aguarda
al hombre que lo cuida y lo encarcela.
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