viernes, noviembre 27, 2009

Campo de batalla

Frente a mis ojos:
la devastación.
Teñida de ocre la tierra sangra.
Árboles arbustos plantas
heridos de muerte
muertos
son cadáveres
brazos rotos cuerpos demembrados
hojas secas.

El universo de los pájaros ha colapsado.
Los nidos caídos de su cielo
como copas derramadas
ocultos
lloran su propia muerte.

Los huevos

pedazos de sol quebrados contra el suelo
manchan de amarillo las ramas
los troncos
y las raices yertas.

Escucho los lamentos doloridos
de las aves.
Son quejidos pequeñísimos.

¡Cuántas madres habrán perdido su crías para siempre!
¡Cuántas parejas se habrán fracturado como vidrio en mil pedazos!

Los gusanos
los insectos

ejercen su derecho como todos a la vida
desvisten a mordiscos
pájaros azulejos carpinteros cardenales
y los dejan desnudos
en sus jaulas de costillas y de huesos.

En pie
un viejo árbol solo
sobrevive

Arriba
-dioses impasibles juegan a ser ángeles y son ángeles-
los buitres.

Al hombre no se le ve por ningun lado.
Ésta es sólo su huella su sombra tras de sí.

Quizás no demore.
Venga a terminar de deshacerlo todo
a hacer de los cádaveres camas o leños para el fuego.
Quizás se compre un pájaro mecánico
de vuelta a la cuerda cuando se sienta solo
y el canto de lata sea su propio invento.

Quizás
-ojalá-
no vuelva

y vuelva a reverdecer el monte.

3 comentarios:

Leonardo dijo...

Traduce una emoción intensa, tras un huracán! Me recuerda el paisaje que podía contemplarse por aquí, en Francia, en la tormenta famosa del 2001. La devastación.
Preciosa imagen de "los huevos/ pedazos de sol quebrados contra el suelo". O "y los dejan desnudos /en sus jaulas de costillas y de huesos".
Arboles y pájaros. Unidad en la vida y la muerte.
Un abrazo

Ophir Alviárez dijo...

el terror de esos seres perdidos, también podemos sentirlo nosotros, humanos en aras y que de la evolución.

El poema estremece y recuerda.

Besos,

Ophir

La DÏéresis dijo...

te extraño!