Tal vez se trate de mirar sin juzgarse
ni juzgar
como quien mira al agua
sin temor de ver qué tiene adentro.
Verse a fondo y hasta el fondo,
para saber quién se es.
Quién el ángel que hay en uno,
quién el demonio
y así, quién el humilde mortal que nos habita.
Sin olvidar que si bien el agua es sola,
siempre es movimiento a su vez.
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